¿Qué Soy?

¿Qué soy? Me inspiró Shirley Varnagy.

Nunca me gustó Wagner. Cuando llegaba a un lugar y veía a las personas deleitarse con su melodía, sabía que era hora de partir: no soy facista. A Wagner no le faltaba talento, pero sí valores. Mi punto de encuentro con el socialismo es La Caution, parece que tengo el oído musical de izquierda. Me interesó Marx hasta que mi padre me contó que en Estados Unidos tenía un buen lugar donde quedarse por vacaciones pero no tenía con qué pagarlo: soy capitalista. No puedo evitar deleitarme con las pinturas de Frida Kahlo: sólo en ese instante soy capitalista: Suena tan contradictorio como el mural que hizo Diego Rivera para el símbolo del capitalismo: Rockefeller. Creo en Dios, no en el partido: no soy comunista.Rechazo la opresión, pero también la guarimba: soy neutral, excepto con la injusticia. No converso con mis amigos, hablo: soy odiosa para algunos, periodista para otros. Bailo merengue con Omar Acedo: soy de izquierda, pero no tengo los dos pies izquierdos. René Velazco es también el ídolo de mi generación: soy de ultraderecha, según la claisificación de Roque Valero. Soy católica, estudié en la Universidad Católica Santa Rosa, siempre fui en jean, tuve novios de otras religiones, pero nunca dejé de hablar con Dios: soy reformista protestante. No negocio con terroristas: soy uribista, de ultraderecha según el Gobierno; pero creo en el diálogo para alcanzar la paz, como Rabin con Arafat: soy laborista.

Siempre he sido irreverente, ocurrente y elocuente, por eso creo en la autodeterminación de los pueblos: soy socialista. ¿A quién no le gusta Disney World?: soy liberal pitiyanqui. Comulgo con la visión de Bachelet, apoyo el socialismo con apertura de mercado: soy de centroizquierda.

Me gusta la hallaca: soy de centro. pero me siento a la derecha: soy de centroderecha.

Mis padres me enseñaron a trabajar muy duro, pero mi religión me enseñó a ayudar al prójimo: soy capitalista, pero lo comparto como socialista. Creo en la libertad, pero no en el libertinaje: soy bolivariana. No me educaron para defender la patria, sino para construirla: soy civil. En mi trabajo no soy de oposición ni soy oficialista: soy periodista. Pero ante todo, siempre seré ciudadana y para mí Venezuela es una sola, libre de etiquetas. En fin, así podría seguir toda la noche. Concluyo que una mujer son todas las mujeres -me puse sexista porque eso es revolucionario- y que no estaría mal derrumbar las etiquetas y mirarnos a los ojos. Tal vez allí nos encontremos todos.